El 10 de Enero de 1899 nace la desgracia. La Boston Fruit Co. y Minor Keith, unieron sus capitales y fundaron la United Fruit Company. El periodo de expansión y dominio comenzó en tan solo instantes. El dominio sobre Guatemala llegaría en un par de años, así llegaría también el periodo de dominio en Cuba, Costa Rica, Cuba, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Santo Domingo y… Colombia.
La United Fruit fue el producto de otra necesidad del naciente imperio. Los grandes empresarios sabían distinguir los deseos del pueblo estadounidense. A la necesidad respondían con sobreexplotación de sus países dominados. América era el surtidor de todo lo que necesitaba Estados Unidos, pero no tenía como responder a sus propias necesidades, las necesidades extranjeras eran más importantes que las propias, la solidaridad, no tenía limites. Antes de 1870 era poco conocido el banano en territorio estadounidense. La primera importación del “fruto prohibido”[1] a Norteamérica se dio en 1870, sin embargo, para 1898, los estadounidenses consumían 16 millones de racimos al año.

Mapa de los sembradíos de la United Fruit.
Un industrial de Brooklyn, llamado Minor Cooper Keith, comenzó a sus 23 años a construir el ferrocarril de Costa Rica, junto con su tío, Henry Meiggs –quien laboraba como constructor de trenes-. El proyecto comenzado en 1871 costaría centenares de vida –las primeras en toda una historia de miseria-, entre los muertos se encontraban sus tres hermanos. Sin embargo, mientras avanzaba la obra, Keith iba sembrando bananas en los terrenos aledaños a las vías. Al terminar la obra, ya era posible enviar grandes cantidades de la exótica fruta a las tierras del norte. De esta manera comenzaba el monopolio del transporte, que ayudaría, años más tarde, a la expansión de la depredadora empresa bananera.
En tan solo dos años la empresa comenzaba sus planes devoradores. Para 1901, Keith dijo que Guatemala tenía “un clima ideal para las inversiones”. La iluminación del industrial norteamericano fue suficiente para que Manuel Estrada Cabrera –dictador y lacayo de los Estados Unidos- abriera de par en par sus puertas a la United Fruit. Las concesiones que otorga el gobierno de Guatemala a la empresa trascienden de lo ridículo. Por la construcción de un tercio de línea férrea, Manuel Estrada le otorga los dos tercios construidos, además de hacerle entrega –a la United Fruit- de todas las líneas telegráficas. El monopolio marítimo queda en manos de la empresa bananera, a través de Puerto Barrios. Los impuestos cobrados a la empresa tienen una gran tendencia a cero. Y, para hacer lógico el regalo de la nación a la empresa, se le conceden alrededor de 70 mil hectáreas, que podían ser elegidas por la misma empresa. Posteriormente Jorge Ubico Castañeda concede varias tierras más para la plantación del banano, e induce a que se rebaje el salario de los trabajadores a la mitad en la plantación de Tiquisate. (Todos los datos anteriores en Historia de la United Fruit, de Oswaldo Albornoz Peralta)
El destino colombiano es bastante atrayente para la empresa. Al tiempo que el negocio bananero penetraba en la sociedad guatemalteca y costarricense, la región del Magdalena se convertía también en un centro de explotación de la tierra y quienes la trabajaban. Las concesiones otorgadas por el gobierno colombiano no distaban mucho de las concedidas por los despóticos gobiernos centroamericanos.

Miles de hectareas fueron sembradas por la United Fruit, despojando de sus tierras a gran cantidad de indigenas y pequeños campesinos.
La empresa llega a poseer 58.000 hectáreas en la región de Ciénaga, llegando así a tener una tercera parte de las tierras disponibles en la región. La mayoría de sus tierras fueron “usurpadas a sus legítimos propietarios”[2]. La práctica de exiliar a los propietarios de la tierra se popularizó a principios de siglo. La United Fruit realizo varias expropiaciones impunes en todos sus países dominados, sin dejar a sus dueños más que el remordimiento de haberlo perdido todo. En Costa Rica fueron atacados los indios del valle de Talamanca, fueron quemados sus sembradíos, y fueron exiliados del lugar, algunos huyen a las montañas, otros son esclavizados, y la gran mayoría fueron ejecutados[3].
La explotación laboral dejaba miles de hombres cuyos derechos no daban lugar ni a la depresión. Alrededor de 25.000 personas –si es que así les consideraban- trabajaban ante el sol ardiente sin derecho al suspiro. Las autoridades nacionales servían al poder bananero. La normatividad laboral era un pecado comunista, y los trabajadores tenían derecho a trabajar, pedir más era atentar contra la seguridad nacional.
Los trabajadores recibían salarios con sumas ridículas, pero que además no eran pagadas. Sus salarios eran bonos en los “comisariatos” de la empresa imperialista. Los trabajadores acudían allí a comprar los productos que no alcanzaban a suplir sus necesidades básicas. Los productos eran entregados y lo que gastaran los trabajadores era reducido de sus “salarios”. Sin embargo, debido a sus reducidas ganancias, los trabajadores terminaban por permanecer endeudados con los comisariatos.
[1] Algunos dicen que según El Corán, el “fruto prohibido” que consumieron Adán y Eva fue el banano, debido a que sería el único capaz de proporcionarles hojas para cubrirse, pues el árbol del Manzano tiene hojas muy pequeñas que apenas cubrirían al mejor estilo de una tanga tipo bikini.
[2] Edgar Caicedo, Conflictos sociales del siglo XX en Colombia, Ediciones Colombia Ltda., p. 8.
[3] Albornoz Peralta, Oswaldo. Op. Cit.